
SEBASTIAN, joven porteño de veinticinco años
AGUSTIN, mejor amigo de Sebastián, de la misma edad, austríaco de nacimiento
Jardín de invierno de la casa de Amalia Kempe, la madre de Sebastián, Sebastián y Agustín comen medias lunas con café, mientras escuchan el Concierto para piano N° 23 de Mozart por Maurizio Pollini, Karl Böhm y la Filarmónica de Viena.
SEBASTIAN: A mí me encanta ponerme a escuchar el concierto número veintidós de Mozart con Richter y Britten, mientras veo todas las fotos que tengo de mi último viaje a Praga.
AGUSTIN: ¿Eh?
SEBASTIAN: No sé, me hace bien, lo hago y es como me llena de júbilo, yo lo llamo ¡una estimulación bohemia!
AGUSTIN: ¿Y por qué ahora estás escuchando el concierto número veintitrés de Mozart con Maurizio Pollini y Karl Böhm?
SEBASTIAN: ¿Vos me ves mirando fotos de Praga en este momento?
AGUSTIN: No.
SEBASTIAN: ¿Entonces?
AGUSTIN: Entonces, Federico Sebastián Augusto, tenés una cara de feliz cumpleaños como si estuvieras sentado en una silla en el Karluv Most, y Pollini con el viejo Carlos Bohemio, dirigiese la Filarmónica Checa estuvieran tocando el concierto en una barca en el río Moldava para deleitarte a vos y a tus invitados al puente…
SEBASTIAN: ¡Ay, che! ¡Para un poco que me viene el agua a la boca!
AGUSTIN: ¡No seas teatrero!
SEBASTIAN: Es parte de la böhmische Stimulation…
AGUSTIN: Es harto común que los jóvenes sudamericanos como vos se hagan estimulaciones bohemias, pero no mirando a su mejor amigo nacido en Austria, y descendiente de húngaros, y escuchando a un pianista italiano.
SEBASTIAN: Gustl, vos sabés que la Mitteleuropa me hace bien…
AGUSTIN: Sí, y la estación Retiro te genera la necesidad de tomar Rivotril sublingual, Sebastián, te conozco como a mi ombligo, ¡decí algo más interesante!
SEBASTIAN: Quiero estar en Praga ahora.
AGUSTIN: ¡Andá a Praga!
SEBASTIAN: No es tan fácil.
AGUSTIN: Entonces, escuchá el concierto, quedate callado, dejá de comer esas medialunas y andá al gimnasio, te vas a parecer a la Tota de Porcel más que a tu imagen idealizada del Sesto de La clemenza.
SEBASTIAN: ¿Por qué decís Sesto de La clemenza, y no Don Octavio que también es un regalo de Mozart a Praga, es lírico, es elegante y es un Ritter?
AGUSTIN: Porque Don Octavio es un pelotudo, pero canta con voz de pecho de varón adulto, y tiene novia, Sesto está castrado, es el mancebo del emperador, tiene crisis nerviosas, y Mozart se lo regaló a Praga con motivo de la coronación del rey de Bohemia, a vos te encanta la monarquía. Los líos de faldas en Sevilla te parecen poca cosa, aunque te resulten llamativos los conductos seminíferos quasi petrificados de un joven hidalgo frígido y más católico que el Papa.
SEBASTIAN: ¡Vos!
AGUSTIN: Prefiero no hablar de mí, Sebastián, oíme…
SEBASTIAN: Te oigo…
AGUSTIN: ¿Por qué no organizamos un viajecito con la loca Harald, las tres a Budapest, Pressburg, Viena, Praga, Dresden, Berlín, Nürnberg y Múnich? La vamos a pasar regio…
SEBASTIAN: Mis ahorros no dan para tanto, a duras penas podría irme a Nueva York una semana o a París y Budapest sólo unos días.
AGUSTIN: ¡Basti! ¡Por favor! Sos un pretencioso, Querés viajar como un archiduque a hoteles que tengan baño con hidro…
SEBASTIAN: Eso es mentira, ¡nunca voy a hoteles con baño con hidro! Bueno, fui una vez…
AGUSTIN: ¡Pelotudo! Me refiero a que si no tenés tu habitación bien aseada con tu bañito con duchador y seca toallas para que estén calentitas cuando salís, no querés viajar…
SEBASTIAN: ¿Cómo?
AGUSTIN: ¡Vámonos las tres a youth hostels!
SEBASTIAN: ¿Estás loco? Los tres, durmiendo con un montón de gente desconocida, nos pueden robar el equipaje, hay feos olores, vamos a pasar frío…
AGUSTIN: ¡Si serás! Como dice Harald, los hostels son los mejores lugares ¡Es donde más eye candy hay! Dejemos los hotelitos petibú para cuando estemos viejos y vetustos.
SEBASTIAN: No, Gustl, vayámonos este año a Mar del Sud, y ahorremos hasta el año que viene, y viajamos a algún hotelito copado, de esos donde va gente joven…
AGUSTIN: ¿Para dormir en una habitación con vos y la otra contratenora?
SEBASTIAN: ¿Qué? ¿Vos querés dormir en piezas de ocho camas?
AGUSTIN: Yo estoy tirando por la baranda del Karluv Most al Moldava, los mejores años de mi vida, siendo tu señorito de compañía, mientras lo mejor de Praga pasa caminando por el puente junto a mí.
SEBASTIAN: Me siento como Doña Ana, cuando Don Octavio le pide que se case con él, y ella le dice que la espere, y él le dice que ella es, “crudele” y ella le explica que necesita tiempo, y que él la espere.
AGUSTIN: ¡Sebastián! ¡Dejate de vivir un mundo fantasmático! No somos personajes de óperas de Mozart, yo te dije siempre que puedo esperarte, toda la vida si es necesario, pero mirame, hoy cumplo veinticinco años, vivo por y para vos, soy un pibe relativamente interesante, tengo mis atributos, y no puedo hacer mi vida porque tengo que esperarte a vos que nunca estás listo, al menos me gustaría poder vivir un poco lo que me queda de juventud.
SEBASTIAN: ¿Me estás pidiendo que, te libere? Este… No sé si me expresé bien, vos ya sos libre, pero digo, querés tener libertad para, bueno, ya me entendés…
AGUSTIN: Nada, Sebastián, voy a seguir esperándote hasta que nos unamos en el sueño eterno, como Tristán e Isolda.
SEBASTIAN: Pero… ¡Agustín!
AGUSTIN: Dejá, No tuve que haber dicho todo lo que dije.
SEBASTIAN: Es que yo no puedo, vos me entendés, todavía no puedo.
AGUSTIN: Yo te voy a esperar, Sebastián, todo el tiempo que sea necesario.
SEBASTIAN: Por favor, entendeme, vos sabés como me cuesta a mí.
AGUSTIN: Sí, ya lo sé.
SEBASTIAN: A lo mejor por eso sos siempre tan ácido y distante.
AGUSTIN: Es mi forma de ser, me voy a mi casa, me aburre escuchar siete mil veces el mismo concierto, te llamo, mañana, ¡un beso!
Benedicto Balaguer
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